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FALTAR AL TRABAJO… UNA TORTURA!

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Si algún día no tenés ganas de ir a tu jornada laboral… y decidís tal vez mentirle a tu esposa, pensá en las consecuencias.

Si no querés hacerla sufrir y que pase el peor día de su vida…

Acordáte de llamar al médico laboral a tu domicilio… antes de las 9 de la mañana.

El sábado 23 de junio a las 21 hs, estuvimos presentes en la obra “Certificaciones médicas”, en la sala de teatro Paraje Artesón (Palestina 919 – C.A.B.A). El autor de la misma es Leo Maslíah, cantautor y músico uruguayo, para los que no lo conocen todavía.

Sus guiones suelen centrarse en una dialéctica donde (el o los personajes) después de dar vueltas y enredarse en sus propios palabreríos, encuentran la punta del ovillo y llegan al final donde se descubre el objetivo de tal enredo.

Componen el elenco de actores: Lilián Fittipaldi y Gastón Fittipaldi. Al comienzo y al final de la trama, Adriana Alvarez, armoniza con sus tangos compuestos especialmente para la función. Y dirige el espectáculo Mauricio Regalado.

La sala completamente llena, las ansias del público porque comience la obra y Gastón desplegando sus gracias al hacernos pasar a nuestros asientos y darnos varias indicaciones; hicieron que todo sea perfecto de comienzo a fin.

La historia se basa en el dolor y sufrimiento de la Sra. de Pérez, una mujer que no hace más que esconder sus penas mientras hace los quehaceres domésticos como planchar. Un día, su marido, decide “faltar al trabajo” y un visitador médico se hace presente en el domicilio para constatar la enfermedad del hombre llamado Juan Pérez. El tal visitador médico resulta ser un asistente social, que tiene toda la historia de vida de la mujer, su marido, madre y demás integrantes de la familia. Ella, atormentada por la inasistencia de su esposo, no sabe qué hacer más que repetir la verdad… la supuesta verdad que él le dijo antes de desaparecer de la casa: que está en la obra social porque se sentía muy mal y no le respondían por teléfono en la prepaga. El asistente social no le cree y dice que va a esperar hasta que él regrese, porque los pasos a seguir eran otros. Debía llamar antes de las 9 de la mañana al trabajo para que le enviaran un médico laboral que lo revisara. Nunca debió abandonar su hogar de esa forma. Como castigo a ese paso, tan importante, la Sra. de Pérez debe soportar las preguntas de este desconocido que se mete en su vida privada, mientras ella intenta planchar y ordenar su casa. Los discursos del hombre, son extremadamente densos e insoportables. Se burla de la Señora durante todo el día, decide pedirle dinero prestado que se sabe nunca le devolverá, le pide que le haga té, café mientras él no hace más que escupirlo en el piso y lo restante lo hecha en un florero.

Interviene tanto en su intimidad que hasta le llega a decir que él sabe que están por desalojarlos y que será el próximo inquilino de ese lugar. También le ofrece empleo como doméstica, con cama adentro porque sabe de las necesidades económicas por las que están pasando. Realmente, esta pobre y desdichada mujer, nunca imaginó que ese día la pasaría tan mal, tan basureada por este hombre que más que hombre es un chanta. Ella, tan dolida, le termina pidiendo que se vaya y que lo despidan a su marido. Él, termina aceptando esta decisión y parte.

El desenlace ocurre cuando a ella se le hace un click y asume internamente que no es feliz, que tiene un vacío muy grande en su corazón. El vacío que logró construir a partir de golpes y ausencias por culpa del hombre que debería amarla.

El próximo sábado 30 de junio es la última función, por el momento así que les recomendamos asistir para darle una mano a la pobre Sra. de Pérez a sobrellevar su crisis.

 

 

 

 

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