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Lucha Medieval en San Isidro

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(N de A: a estas alturas suponemos que todos saben como funcionan nuestras crónicas medievales. Cualquier evento de esta clase es una buena excusa para juntarnos un rato con amigos y comer cosas ricas. Claramente esta no será la excepción, con lo cual esperamos que sepan disculpar lo breve de la información que atañe al torneo en si.)

La copa “First class” es un evento internacional de HMB con un máximo de 5 fechas anuales. La del último fin de semana de agosto se celebró en nuestros pagos, específicamente en el Hipódromo de San Isidro, teniendo como organizador a la Facom. Participaron 15 equipos en total entre locales, brasileros y los invitados estrella: los rusos (mencionados así en charlas coloquiales o mas formalmente como “el equipo de Bern”).
Los resultados en las distintas disciplinas fueron los siguientes:

5 vs 5
1er puesto: Bern
2do puesto: Compagnia del Lobo Negro
3er puesto: CECM

1 vs 1 masculino:
1º: Vitali Gryzlov (Bern)
2º: Sergei Kuritzyn (Bern)
3º: Mihail Kolpashchikov (Bern)
4º: Ivan Castromil Gonçalves (CECM)
5º: Nicolas Di Gaetano (CECM)
6º: Naaman Videla (CECM)

1vs1 femenino:
1º: Sofía Sueldo (CECM)
2º: Sofía Zarco (Acero y Sangre)
3º: Sofía De La Villa (Última Guardia)
4º: Rocío Peñaloza (Guardia del Bastión)
Ahora si, cumplida la parte “formal” de la crónica, y dados los debidos aplausos a los organizadores (Andy Di Francesco y compañia), pasamos al resumen de pavadas que mas nos interesa: el haber estado ahi un domingo de sol.
Sol que por suerte no dejó de brillar en todo el fin de semana, donde el clima estuvo ideal para pasear al aire libre.
En mi caso, la llegada al Hipódromo se vió precedida por los carteles que anunciaban el evento. Lindo ver los afiches municipales en las cuadras previas a llegar. Por suerte, pasando el umbral de llegada se podía dejar atras sin problemas el enjambre de vehiculos con motor para olvidarse un ratito de la modernidad. Bajo los árboles, a nuestra izquierda, los puestos artesanos lucharon contra el viento con piedras y palos que sostuvieran sus carpas donde pudimos encontrar desde ilustraciones hasta libretas y cuernos de beber grabados. Una segunda hilera de puestos se extiende frente a nosotros y, claramente, capta toda nuestra atención de inmediato, porque aunque ya sea media tarde para nosotros siempre es hora de comer!
Con nuestro sandwich con mucha mostaza (porque otra cosa sería desmerecerlo) en una mano y esta vez sin cerveza en la otra nos disponemos a subir al campamento recreacionista. Malas noticias. El fuego apagado y el caldero vacio nos dicen que nuestro concepto de almuerzo a la hora del té no es tan universal… Una verdadera pena, más teniendo en cuenta las maravillas que nos contaron de las salchichas que cocinaron ayer. En fin, nos tendremos que conformar con las charlas que nos hablan del día sábado.
Mientras en la liza bajo la colina donde está el campamento vemos a los mas pequeños divirtiéndose, a nuestros oídos llegan los comentarios de los combates pasados. Porque en esa liza ayer hubo lucha, “…y quedé tan cebado que hoy dejé a las chicas en casa y me vine solo!” nos dice un viejo conocido mientras sonrie (si encuentran gente que no sonrie en estos eventos, seguramente sea porque estan laburando en esto desde hace mucho y necesitan dormir, pero no mas que eso). Y no solo el público se engancha con los combates. Mate mediante, los chicos nos cuentan que el campamento ayer estaba en otro lado, lejos de la vista privilegiada que tenemos hoy de los combates (si, ahora tenemos combates recreacionistas en la liza). Y que en un momento, desde donde estaban se escuchó un ruidito agudo y el asombro masivo. Una espada partida contra un casco, y parte de la misma volando por los aires generaron un “ohhhhhhh!” que hubiera intrigado a cualquiera.

fuego-Ariel-Kanterewicz

Comienza a bajar el sol y el final de fiesta se empieza a hacer notar. En la liza, ahora a medio desarmar, un árabe hace percusión mientras una danzarina hace bailar al fuego. Donde haya fuego estará nuestra atención, pero… ¿ese aroma que nos llega? Mientras los puestos se van levantando, alguien nos hace notar que lleva fiambre ahumado vendido al peso. Ver a nuestro fotógrafo invitado correr colina abajo para abastecerse merece ser el remate de esta crónica, así que me despido del First Class y emprendo la vuelta a la ruidosa Buenos Aires…
Hasta la próxima!

Crónica: Cecilia DP
Fotos: Ariel Kanterewicz

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